Un paseo por el Rin

Klobenz. Donde el Rin y el Mosela se funden. (wikimedia commons)
Si empezar un blog hablando de cualquier país es un gran problema, porqué todos los países tienen infinidad de lugares para visitar, cuando te proponen hablar de Alemania, la cosa ya no tiene nombre.
Alemania, que lo ha sido todo en la historia, forjadora de grandes personajes, de imperios, de culturas, de grandes avances, sus ciudades son auténticos libros que nos hablan de pasados, presentes y futuros, sus paisajes, infinitos, sus tierras, su gente. Simplemente, no habrá suficientes entradas que pueda escribir en lo que me queda de vida, para contar todo “lo que hay que ver en Alemania”, así que empezaré por una de las experiencias más gratificantes que he vivido personalmente, “un paseo por el Rin”.
El Rin, el rio más transitado del mundo, más de 1300 kilómetros navegables, que ofrece la puerta del mar a un país tan interior como Suiza, es un mundo entero por si solo. Te puede trasladar desde los Alpes hasta el Mar del Norte en un crucero inolvidable, con tanta variedad de paisajes, países y lugares que cada etapa puede ser un sueño hecho realidad.

Mapa del pequeño paseo por el Rin
Los barcos están perfectamente adaptados y los hay para todos los gustos, desde barcos con especial deferencia hacía las familias con niños, que ofrecen diversiones y atracciones complementarias, otros con especial interés centrado en los maravillosos castillos que se van divisando sobre las colinas, castillos que parecen sacados de cuentos de hadas, y otros que, simplemente, te ofrecen una estancia agradable, mientras disfrutas del paisaje y saboreas la excelente comida y bebida que te sirven a bordo en un precioso restaurante.
En las laderas del Rin, entre estas dos ciudades, han crecido numerables pueblos, de forma que durante el trayecto puedes ir haciéndote una idea de cual será el que irás a visitar en los próximos días, aunque la elección no será fácil.
Los paisajes que dibujan las laderas de las colinas, llenas de viñedos y otras plantaciones, en pendientes que te dejarán asombrado solo de imaginar como se lo hacen para cultivar en semejantes desniveles, es otra de las maravillas que deleitarán tu vista mientras paladeas alguna de las exquisitas cervezas que te servirán a bordo, mientras te faltará tiempo para reflejar en el objetivo de tu cámara todo lo que tus ojos irán contemplando.

El interior de los barcos es cómodo y confortable.
Son tantos los castillos que se ven, en los montes cercanos, en los lejanos, cerca del rio, hacia el interior, que uno se imagina que las casas debieron nacer mucho después y que, antes, cada familia debía tener su propio castillo.
Pero no solo en las colinas, incluso a nivel del río encontraremos innumerables castillos (burgen los llaman ellos), que nos harán desear un segundo viaje, esta vez en coche, para poder verlos más de cerca.
Aunque puedes hacerlo al revés, yo aconsejo iniciarlo en Bingen, pues la forma de los meandros del Rin, te hacen descubrir los paisajes y las maravillas que vas a encontrar desde una prespectiva distinta.
Nada más salir de Bingen, hechar la vista atrás es recibir el primer impacto visual, y a los pocos metros el primer monumento, la blanca torre de Mauseturn, en una pequeña isla a babor del barco.
Pronto empiezas a divisar los primeros castillos, a cada lado, te falta tiempo para ir de una parte a otra, recorriendo las cubiertas para buscar la mejor toma para tu objetivo y así llegas a la vista del primer pueblo ribereño, Assmanns Hausen, como es el primero que ves, tomas nota para ir a visitar de cerca este encantador rincón de casas tradicionales al pie de una colina.

Los viñedos dominan el paisaje en la mayor parte del recorrido
Pasado Lorch divisas a cada lado algunas ruinas de imponentes castillos que no sobrevivieron a las disputas franco-alemanas por el control del Rin. Y así el barco llega a Bacharach, una ciudad, con otro impresionante castillo, donde algunos de los barcos que hacen el recorrido, tienen parada, e incluso algunos te permiten que bajes a tierra y tomes otro barco posterior. Si es tu caso, aprovéchalo, no te arrepentirás.
Una vez dejas atrás Bacharach. te encuentras con un impresionante castillo sobre una isla, es de los más famosos y conocidos de la travesía, el castillo de Pfalzgrafenstein, más conocido como Pfalz. Detrás, en la ladera otro encanto en forma de pueblo, Kaub.
Pero no te despistes mirando solo hacia este lado, porque por el otro, pronto te aparecerá otra impresionante fortaleza, el castillo de Shönburg, dominando el Rin por encima de la ciudad de Oberwesel.
Tras dejar atrás todo esto llegas, más o menos, a la mitad del recorrido, la parte más mítica y espectacular del mismo. Te acercas a los meandros ribales de Loreley, un impactante espectáculo visual de como el Rin ha ido haciéndose paso a lo largo de millones de años, excavando la dura piedra. En las riberas cercanas, pasado Loreley econtramos St. Goar a una lado y St. Goars-Hausen al otro. Dominando esta última, por encima otro espectacular castillo, el Burg Katz.
Después de ver más castillos a cada lado y dejar atrás la ciudad de Bad Salzig, llegamos a la vista de uno de los más impresionantes, sino el que más, Burg Liebenstein, al cual habrá que dedicarle una visita especial, protegiendo el pueblo de Kamp Bornhofen.

Schloss-Stolzenfels, un castillo de hadas
Finalmente, el último tramo hasta Koblenz, no deja de seguir maravillándonos, con los pueblos de Braubach, Oberlahn-Stein y Nieder-Lahnstein, así como diversos castillos, entre los que destacaría el espectacular castillo de Schloss-Stolzenfels, que más de una película ha inspirado. A la vista de este castillo sería fácil imaginar que Walt Disney habría visto alguna foto del mismo o lo habría visitado.
Por otro lado, existen diversas opciones de estancia y alojamiento a lo largo del recorrido, aunque otra opción sería establecerse en Bonn o Colonia, que están a menos de 100 kilómetros de Koblenz, y de cuyas ciudades haremos otras entradas, y por la mañana temprano salir hacia Bingen. Si tienes la suerte de ir en grupo, mínimo dos coches, podéis combinarlo dejando un coche en Koblenz para que tengáis un medio de desplazamiento propio a la llegada. Por experiencia propia, es lo más aconsejable.

Espectacular panorámica de Loreley, en el Valle del Rin.(wikimedia commons)
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